El disco que no pedí… pero que se quedó conmigo
Hay discos que uno descubre.
Y hay otros que te encuentran cuando no estabas buscando nada.
Everything All the Time fue eso para mí.
No recuerdo la fecha exacta, pero sí el contexto: mediados de los 2000, noches largas, series descargadas con nombres raros, conciertos en baja resolución, ese internet todavía medio artesanal donde uno encontraba música en lugar de que la música te encontrara a ti.
Band of Horses apareció así: sin anuncio, sin hype, sin algoritmo.
Y se quedó.
Veinte años después, este disco sigue sonando tan vivo como entonces. No por nostalgia barata, sino porque nunca fue una moda. Desde el primer momento se sentía distinto: adulto, contenido, emocional sin ser manipulador. Un disco que no gritaba mírame, pero igual te miraba de frente.
Ben Bridwell formó Band of Horses en Seattle en 2004, luego del final de Carissa’s Wierd. Y eso se nota. Hay algo heredado ahí: esa melancolía honesta, ese saber que el dolor no necesita exagerarse para ser profundo. Pero Band of Horses tomó ese mundo y le dio aire. Espacio. Esperanza.
Guitarras con reverberación infinita, canciones que parecen hechas de madera, niebla y recuerdos, y esa voz frágil-altísima que suena como si estuviera a punto de romperse… pero no lo hace. Como uno.
Cuando grabaron Everything All the Time con Phil Ek en los Avast Studios de Seattle, no estaban buscando trascender. Solo estaban tocando como se toca cuando no hay red de seguridad. Y eso se siente. Cada canción tiene tensión, anhelo, una calma inquieta que no se resuelve del todo.
“The Great Salt Lake” es pura épica contenida.
“St. Augustine” y “Monsters” son momentos de silencio interior, de pensar mirando el techo.
Y luego está “The Funeral”.
Esa canción llegó para quedarse. No como hit, sino como acompañante. Sonó en películas, series, fue sampleada, remixada, exprimida… y aun así, cada vez que vuelve, sigue golpeando donde tiene que golpear. Porque no habla de una historia concreta: habla de esa sensación de estar viviendo algo importante y no saber qué hacer con ello.
El disco fue Oro. “The Funeral” es doble Platino. Bien por ellos.
Pero lo importante pasó lejos de las certificaciones: pasó en los audífonos, en los viajes largos, en los momentos donde uno necesitaba música que no mintiera.
Band of Horses y nosotros
Band of Horses fue una banda para los que no encajábamos del todo. Para los que sentíamos mucho, pero no sabíamos explicarlo. Para los que transitábamos cambios —trabajos nuevos, decisiones adultas, despedidas silenciosas— con una mezcla rara de miedo y esperanza.
La voz de Ben Bridwell no impone, acompaña. Sus letras no dan respuestas claras, pero hacen las preguntas correctas. Hablan de arreglar lo que se rompió… y de aceptar cuando ya no se puede. Y eso, con los años, se vuelve más valioso, no menos.
Después vinieron Cease to Begin, Infinite Arms, los Grammy, los altibajos, los regresos. Y más recientemente Things Are Great, donde la banda recordó que la emoción cruda sigue siendo su mejor idioma.
Pero todo empieza aquí.
En Everything All the Time.
En ese disco que no envejece porque crece contigo.
Band of Horses no fue la banda sonora de una etapa.
Fue —y sigue siendo— un lugar emocional al que vuelvo cuando necesito sentir algo real.
Todo.
Todo el tiempo.
Esta nueva edición remasterizada se lanzará el 26/03/2026.
Luego sigue el Tour.



Comentarios