Soy ingeniero de sistemas, pero más que eso,
soy un tipo que nunca dejó de observar, cuestionar y aprender.

Trabajo en el Proyecto Catastro de la Municipalidad Provincial de Mariscal Nieto,
donde la tecnología se cruza con la ciudad y las personas.
Me gusta resolver, entender cómo funcionan las cosas, y que todo tenga sentido. Virgo.
Mido 1.76, peso 82 kilos, tengo 40 años y llevo unas rodillas algo sentidas que me recuerdan que la vida también se juega con cicatrices. Sigo siendo deportista, aunque el ritmo cambió: ahora corro más en ideas que en kilómetros. Me exijo y mi cuerpo aún me responde.
La música me acompaña todos los días —en el carro, camino al trabajo, al colegio, o a dejar a mis hijos en casa de su madre. Canto, pienso, me reinvento. Las canciones son mi brújula cuando el mundo se pone ruidoso.
Soy directo, bromista, a veces rebelde.
Pregunto, opino, escucho.
Y de alguna forma, eso hace que la gente se abra conmigo: porque no actúo, vibro.
No me interesa aparentar, me interesa conectar.
Estoy en una etapa donde la madurez no me pesa, me impulsa.
Sigo soñando, pero con los pies en el suelo.
Estuve temporalmente ajustado de dinero, sí, pero no de propósito ni de energía.

En resumen:
Soy un hombre en equilibrio entre lo técnico y lo humano,
entre el orden y la pasión, entre el deber y la música.

No busco ser perfecto. Busco ser real.
Y cada día me levanto con esa intención: no apagarme nunca.
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