El disco que no pedí… pero que se quedó conmigo Hay discos que uno descubre. Y hay otros que te encuentran cuando no estabas buscando nada . Everything All the Time fue eso para mí. No recuerdo la fecha exacta, pero sí el contexto: mediados de los 2000, noches largas, series descargadas con nombres raros, conciertos en baja resolución, ese internet todavía medio artesanal donde uno encontraba música en lugar de que la música te encontrara a ti. Band of Horses apareció así: sin anuncio, sin hype, sin algoritmo. Y se quedó. Veinte años después, este disco sigue sonando tan vivo como entonces. No por nostalgia barata, sino porque nunca fue una moda . Desde el primer momento se sentía distinto: adulto, contenido, emocional sin ser manipulador. Un disco que no gritaba mírame , pero igual te miraba de frente. Ben Bridwell formó Band of Horses en Seattle en 2004, luego del final de Carissa’s Wierd. Y eso se nota. Hay algo heredado ahí: esa melancolía honesta, ese saber ...
Soy ingeniero de sistemas, pero más que eso, soy un tipo que nunca dejó de observar, cuestionar y aprender. Trabajo en el Proyecto Catastro de la Municipalidad Provincial de Mariscal Nieto, donde la tecnología se cruza con la ciudad y las personas. Me gusta resolver, entender cómo funcionan las cosas, y que todo tenga sentido. Virgo. Mido 1.76, peso 82 kilos, tengo 40 años y llevo unas rodillas algo sentidas que me recuerdan que la vida también se juega con cicatrices. Sigo siendo deportista, aunque el ritmo cambió: ahora corro más en ideas que en kilómetros. Me exijo y mi cuerpo aún me responde. La música me acompaña todos los días —en el carro, camino al trabajo, al colegio, o a dejar a mis hijos en casa de su madre. Canto, pienso, me reinvento. Las canciones son mi brújula cuando el mundo se pone ruidoso. Soy directo, bromista, a veces rebelde. Pregunto, opino, escucho. Y de alguna forma, e...